Buscar este blog

martes, 16 de mayo de 2017

Dante y La Divina Comedia


Grupo 5° Humanístico 1 Liceo N° 1 Dr. Alfonso Espínola

CONTEXTUALIZACIÓN HISTÓRICA

  La Edad Media  es un extenso período histórico que abarcó alrededor de diez siglos; desde el siglo V al XV aproximadamente, por ello conviene dividirla en dos etapas.

Alta Edad Media

  En esta época es posible hablar de oscurantismo, en la medida en que el derrumbe de las estructuras del imperio romano, la permanente amenaza de los bárbaros y la supremacía religiosa de un cristianismo que pone el énfasis en una vida ultraterrenal traen aparejados la imagen de un hombre culpable por el hecho de ser tal, abrumado por el fin del mundo y su inevitable perdición.
  En el plano de la teología es de destacar el pensamiento de San Agustín (siglo V), quien ve la evolución de la historia humana como una manifestación de la voluntad de Dios. El hombre, ser imperfecto por naturaleza es para este pensador salvado únicamente por la gracia divina que elige para estos fines solo a unos pocos, mientras la inmensa mayoría será condenada a las llamas del infierno.
  En el plano intelectual, esta época se caracteriza porque en ella la idea de progreso es completamente desconocida. Busca conservar fielmente lo antiguo y lo tradicional. Los valores supremos están fuera de duda y se encuentran encerrados en formas enteramente válidas.
  Sobre el fin de este período y como coronación del espíritu del mismo se impone en la arquitectura el estilo románico, las llamadas "fortalezas de Dios", edificaciones caracterizadas por su pesadez, sus gruesas paredes, sus escasas aberturas que impiden el contacto con el exterior, hablan de un hombre encerrado, temeroso de lo externo y agobiado por la presencia de un Dios distante y duro.

Baja Edad Media

  Se caracteriza por un renacer en todos los planos de la actividad humana.
Las ciudades comienzan a surgir y vuelven a ser un lugar de encuentro y de puesta en contacto con el mundo; se dan los comienzos de una economía monetaria y mercantil.
Los caminos se animan y comienzan a llenarse de mercaderes y viajeros; las clases altas descubren el placer de aparentar, de brillar en los acontecimientos mundanos y el lujo en el vestido, en la mesa o en la ornamentación de la casa comienza a ser un signo de poder y un elemento de disfrute de lo terrenal y cotidiano.
  La iglesia acompaña el movimiento procurando disciplinar su clero y la actividad de los laicos, en este sentido se debe señalar el movimiento cluniciense (siglo X) que procura devolver la pureza original a las instituciones religiosas y separadas de lo material, seguido luego por el movimiento cartujo y cisterciense del siglo XI y XII. La misma visión de la divinidad cambia y ahora el hombre se siente protegido por un amoroso ser superior al cual puede llegar a través de la invocación de los santos o de la virgen.
En la arquitectura; la aparición del gótico da lugar al cambio más profundo de la historia del arte moderno.
  El hombre se yergue nuevamente sobre la tierra y, aunque no olvida la posibilidad de los castigos del más allá, ahora esta vida lo invita a disfrutar, se plantea como digna de ser vivida. El culto a la Virgen María pasa a un primer plano y se la ve como intermediaria ideal entre el hombre y Dios.
  El oscurantismo ha dado paso a la luz, la desesperanza a la fe, la valoración de lo ultraterrenal a la valoración de lo que pertenece a este mundo y precisamente en esta transición, en este dualismo es que debemos acercarnos al hombre de esta época.

Literatura

  En la literatura se observa la maduración de la herramienta expresiva, la lengua, que desprendida del latín original, a lo largo de la Edad Media va a evolucionar a lo que conocemos como lenguas romances. Si bien, el latín conservará su puesto como lengua erudita, poco a poco estas nuevas manifestaciones  lingüísticas irán ganando terreno hasta llegar al punto de llegar a poder expresar poéticamente todas las inquietudes del hombre.
Esta literatura da sus primeros frutos en la épica, y es así que surgen los cantares de gesta.
La evolución de la épica sentará las bases de la sensibilidad occidental.
Ahora veremos el desarrollo de este género en tres grandes pasos: la lírica trovadoresca, la escuela de Sicilia y el Dolce Stil Nuovo, llegando así a Dante.
La lírica trovadoresca
  Llamamos así, en el estricto sentido de la palabra, a la poesía que fue cultivada por los trovadores, que entre los siglos XI y XII escribieron en la lengua románica, que se conoce con el nombre de "provenzal".
Si bien, geográficamente ubicamos su núcleo en Provenza, no debemos olvidar que esta literatura no aparece vinculada a lo que hoy llamamos una nacionalidad; en esta época la zona del medio día de las Galias estaba dividida en señoríos más o menos independientes, y por encima de esta división política hay una unidad lingüística que permite que todos colaboren en el hacer de determinado tipo de literatura.
  El trovador es el poeta que, además de escribir sus versos compone la música con la que deben ser acompañados; es una poesía destinada a ser cantada y a ser escuchada por un público que, en su mayoría y más aún si la ejecución se daba en la plaza, es analfabeto.
A partir del siglo XIII las costumbres sociales evolucionan hacia un mayor refinamiento; la vivienda señorial se hace más refinada y las reuniones sociales son habituales. La mujer comienza a ejercer un rol protagónico como señora del castillo y centro de la vida social incipiente. En este marco la lírica trovadoresca desarrolla un concepto de amor; el amor cortés, que implica una traslación del vasallaje político al campo sentimental; la dama es el ser superior al que el enamorado rinde culto y ofrece su vida como servicio, de tal manera que la llama "midons", mi señora. Este sentimiento exige de la discreción del poeta en la medida en que la amada ha de ser, casi forzosamente, casada; es este pues un amor adúltero basado en el axioma de que no puede haber  "buen amor verdadero" en el matrimonio. La dama aparece como figura idealizada, distante, vista como poseedora de las máximas virtudes, tanto físicas como morales, origen y destinataria del hacer poético. Esta idealización no nos debe hacer pensar en el desprecio o censura absoluta hacia el aspecto físico del amo, pues a pesar de que se ha querido hablar de un sentimiento exclusivamente platónico, son muchos los poetas que nos hablan de sus logros en este terreno.

Dante - breve biografía

Nace en mayo de 1265 en Florencia.
Conoce a Beatriz en mayo de 1274, de ella se habría enamorado, esta será inmortalizada en su obra.
Beatriz muere en 1290.
Se casa en 1295 y empieza su actividad política.
En 1302 es exiliado.
El 14 de setiembre de 1321 muere en Ravena.

La Divina Comedia; su título

  La Comedia, conocida desde el siglo XVI bajo el título de La Divina Comedia es un extenso poema escrito por Dante en lengua vulgar, abarcando un total de 14333 versos, obra máxima de la literatura italiana cuyas primeras ediciones se remontan a 1472.
Dante denominó a su obra Comedia, el calificativo Divina es agregado posteriormente por sus admiradores, aludiendo tanto a su calidad estética, como a su sustancia religiosa.
"Comedia" es uno de los subgéneros del drama, sin embargo, la composición de Dante no tiene la estructura formal de este género; lo que sucede es que en la época que escribe el poeta florentino se ponía mayor atención al contenido, para determinar la pertenencia a un género determinado, que a la forma. Es así que para que una obra fuera "comedia" debía comenzar en la tristeza y terminar en alegría y, evidentemente, el viaje del personaje central comienza en un momento de dolor, perdido en la "selva oscura", para luego de diversas pruebas, terminar en la mayor de las felicidades: ver a Dios y obtener la salvación de su alma.
  Generalmente se ubica la composición de la Divina Comedia en los últimos y más dolorosos años de Dante, los del exilio. Toda la crítica coincide en que el "Infierno" habría sido terminado alrededor de 1308, el "Purgatorio" hacia 1313 y el "Paraíso" poco antes de su muerte.

Argumento

  Es la narración de un viaje realizado por su propio autor, Dante, que asume la condición de narrador y personaje, por los tres reinos de ultratumba; infierno, purgatorio y paraíso, según eran concebidos por la iglesia de la época. La obra comienza con el personaje perdido en la "selva oscura" (el pecado) y acorralado por tres fieras que le impiden la salida de ese paraje; gracias a la intervención de la sombra de Virgilio, poeta latino, emprenderá el viaje que lo sacará de esta situación primera, y en cuyo recorrido verá los castigos eternos a los que son sometidos las almas de los condenados, los suplicios de aquellos que, habiéndose salvado aún deben someterse a un proceso de purificación, y, por último, habiendo sido dejado por Virgilio que cede su lugar de guía a Beatriz, Dante verá la alegría de los bienaventurados, los que han logrado la salvación eterna.
  La idea de localizar la acción de la obra en el espacio que se abre más allá de la muerte, no es original de Dante, lo que sí es innovador es, en el plano de la narración; el proponer la experiencia como algo real, un viaje y no una visión, y elegirse a sí mismo como protagonista. Dentro del plano de las ideas, una fuerza totalizadora que organiza al otro mundo según claras normas morales y la idea de perfeccionamiento del hombre que le conduce a la salvación.

Estructura formal

  La obra está dividida en tres partes, denominadas cánticas y que responden, cada una de ellas, a los tres reinos en que la tradición cristiana considera está estructurado el más allá: Infierno, Purgatorio y Paraíso.
  Cada cántica, está dividida en treinta y tres cantos, excepto la primera que tiene treinta y cuatro, el primer canto es considerado como una introducción general a la obra. Sumados todos nos dan un total de cien cantos. La estructura de cada parte respeta un plan muy estricto; los cantos oscilan entre los ciento quince versos y los ciento cincuenta y cuatro y el número total de versos que componen las tres cánticas es catorce mil trescientos treinta y tres para el poema entero.
  La obra está escrita en versos endecasílabos y la estrofa empleada es el terceto (terzina), donde coinciden el primer con el tercer verso, mientras que el segundo marca la rima para la terzina siguiente: aba - bcb - cdc. Cada canto termina con un cuarteto para no dejar un verso suelto.
  Toda esta estructuración se basa en la utilización cabalística de ciertas cifras: el 3 es un número perfecto, el número de la Santísima Trinidad y de allí la reiteración de esta cifra en la estructura; el 9 es un número místico y sagrado, resulta de la multiplicación del tres por sí mismo, el 33 también posee significado cabalístico en la medida en que reitera el 3, el 1 la unidad, representa la divinidad.

Los tres reinos

El Infierno

  Guiado por Virgilio, Dante llega al Infierno, es en el canto III donde se ingresa a este reino, la inscripción en su puerta nos dará las características fundamentales del mismo: la ciudad del dolor eterno, habitada por la gente perdida, ninguna esperanza de perdón o reconciliación pueden albergar los que allí pagan su culpa.
  Físicamente este mundo está dividido en nueve círculos en los que se ubica a las almas pecadoras de acuerdo a determinadas normas; cuanto más abajo menor será el espacio y mayor la culpa y el castigo. Esta división espacial se corresponde con una estratificación moral; siguiendo la distinción aristotélica de las tres disposiciones viciosas del alma humana, incontinencia, bestialidad y malicia. Dante agrupa dentro de la primera a los lujuriosos, glotones, avaros, pródigos e iracundos, dentro de la tendencia a la "bestialidad" coloca a los herejes y violentos, para terminar con los maliciosos que incluyen a los traidores y fraudulentos. Es de destacar cómo el mayor grado de racionalidad que implica un pecado para concretarse agrava la culpa, los habitantes de los primeros círculos no hicieron otra cosa que dejarse dominar por pasiones inherentes a la esencia humana, mientras que los últimos utilizaron su capacidad intelectual para hacer el mal.
  La oscuridad, reflejo físico de la condición moral del alma de los condenados, domina este mundo, este "aire sin estrellas" que se hace más alucinante en la medida que se llena de gritos de dolor y terribles blasfemias, expresión de la ira y la impotencia de las almas pecadoras ante la justicia divina. Es este el reino donde el recuerdo de la tierra está más presente, no solo a través de las vivencias de cada uno de los que allí habitan, sino de la indiscutible  "corporeidad" que asumen las almas.
  Habitado no solo por almas sino también por gusanos, perros y serpientes que colaboran con la función de los demonios, extraídos muchos de ellos del mundo mitológico grecolatino, en el vértice mismo del cono, Lucifer, el ángel caído concentra en su figura el terror del Infierno.
  El castigo tendrá evidente relación con la culpa; esta relación puede ser de similitud, como en el caso de los lujuriosos arrastrados eternamente por el viento como en vida se dejaron arrastrar por la pasión, o los suicidas, que habiendo atentado contra su cuerpo se ven obligados a renunciar a él; o de oposición a la culpa, como el caso de los "indiferentes", que no habiendo hecho una opción en vida se ven obligados ahora a experimentar el acicate de los moscones y las avispas y a correr detrás de una bandera.    Todos estos castigos cobran una verdadera dimensión a través de dos condiciones de mayor abstracción: son eternos, es decir, el condenado no tiene ninguna esperanza de que cesen y no tienen otra significación que la del dolor que ellos producen, ya que se repetirán idénticamente por siempre, sin que sirvan para disminuir la culpa.

Purgatorio

  Está ubicado en la Tierra y las almas sufren tormentos similares a los infernales, es, sin embargo, el reino de la esperanza, pues los que allí habitan ya se han salvado, aspiran con certeza a ver a Dios y el sufrimiento es para ellos una vía de purificación que acelerará el tránsito a la gloria.
  Convencidos ya de la vanidad de las cosas terrenas, aspirando a gozar la gloria, las almas se hacen aquí menos corpóreas, más puras en su calidad de espíritus, y su registro emotivo deja de lado la violencia pasional de las almas infernales para teñirse de dulce melancolía, los gritos son sustituidos por el canto  a coro, en el infierno las almas están encerradas en su individualidad, aquí unidas en el amor, trascienden sus límites para unirse en alabanza al creador. Los demonios son remplazados por visiones angélicas que hablan de la proximidad del paraíso.
  Geográficamente el Purgatorio se ubica en una isla inaccesible del hemisferio austral, en las antípodas de Jerusalén. Concebido como una montaña está dividido en tres zonas: en la base una zona rocosa, de difícil acceso: el Antepurgatorio; en el cuerpo del monte, el Purgatorio propiamente dicho, dividido a su vez en siete terrazas, donde el alma se purifica de los siete pecados capitales (soberbia, envidia, ira, pereza, avaricia, gula y lujuria) y por fin, en la cúspide una planicie que es el Paraíso terrestre. En este termina la función encomendada a Virgilio, al que está vedado entrar en el reino de los bienaventurados. En la etapa intermedia del Paraíso terrenal (cantos XXVIII a XXXIII, Purgatorio) Virgilio desaparece del lado de Dante y, ante los asombrados ojos de este, aparece Beatriz, símbolo de la teología o la gracia divina única guía posible para caminar por el Paraíso.

Paraíso

  Del Paraíso terrenal Dante asciende al Paraíso verdadero atravesando, con la guía de Beatriz, los nueve cielos, esferas concéntricas luminosas y transparentes, sobre las cuales está el cielo empíreo, fijo, cede del mismo Dios, y, en torno a él, las jerarquías celestiales y la rosa de los bienaventurados, iluminada directamente por el propio Señor de la creación. Los nueve cielos son:
1. Cielo de la Luna, cantos I al IV, donde se ubican los espíritus que quebrantaron sus votos.
2. Cielo de Mercurio, cantos V al VIII, ubicación de los espíritus activos y bienhechores.
3. Cielo de Venus, cantos VIII al IX, ubicación de espíritus amantes.
4. Cielo del Sol, cantos X al XIII, ubicación de espíritus de teólogos y doctores.
5. Cielo de Marte, cantos XIV al XVII, ubicación de los espíritus que combatieron por la fe.
6. Cielo de Júpiter, cantos XVIII al XX, ubicación de los espíritus justos y sabios.
7. Cielo de Saturno, cantos XXI al XXII, ubicación de los espíritus contemplativos.
8. Cielo de las Estrellas, cantos XXIII al XXVI, ubicación de los espíritus triunfantes.
9. Cielo Cristalino, cantos XXVII al XXXIII, ubicación del Empíreo donde está Dios iluminando la rosa de los Bienaventurados y rodeado de nueve círculos de jerarquías angelicales que son: ángeles, arcángeles, principados, potestades, virtudes, dominaciones, tronos, querubines y serafines.
  El criterio utilizado por el autor para colocar las almas en distintas esferas no está, a diferencia de las cánticas anteriores, explicitado en la obra; lo único obvio es que cuanto más cerca de Dios se encuentra el alma, más perfecta es.
  Este es el reino del espíritu absolutamente liberado de la carne, el reino de la contemplación y de la más absoluta alegría emanada de la visión de Dios; las almas nada lamentan de lo terreno, nada ansían, están completas en sí mismas. La almas son pura luz y puro amor y de allí que los trazos particulares se disuelvan en mística unión; los elementos terrestres que reaparecen en este reino son solo imagen de aquello que intentan transmitir. Lanzado a la contemplación de la unidad misma de Dios, Dante exclama: "¡Oh cuán insuficiente es la palabra y cómo es débil para expresar mi concepto!", y ese sentimiento puede hacerse extensivo a toda la cántica.
  El poema concluye con la palabra "estrellas", que es la misma con la que concluye el Purgatorio, una muestra más de la simetría exterior que se corresponde con la ordenada arquitectura interna.
Extraído de:

Torres, Teresa y Carriquiry, Margarita. Dante. Editorial Técnica s.r.l.

miércoles, 10 de mayo de 2017

Análisis de la Parábola de la Misericordia - por Profa. Paola De Nigris


Grupo 5° Humanístico 1 Liceo N° 1 Dr. Alfonso Espínola

Biblia - Análisis de las parábolas de la misericordia
Parábolas de la misericordia
Trabajo realizado por la Prof. Paola De Nigris
Tema y estructura:

  El tema del capítulo tiene que ver con la redención y la alegría que eso provoca en el cielo. Por el pecado cometido en el paraíso por Adán, el hombre nace perdido, ya que por él, se ha apartado el deseo de estar con Dios, se ha rebelado contra Él. Al darle la espalda a Dios, todos los hombres que vinieron de su simiente también lo hacen. Aquel fruto que como Adán pertenecía al árbol del bien y del mal, su pecado original es la desobediencia, que incita al hombre a creer que puede juzgar las cosas por sí mismo sin equivocarse. La promesa del fruto era el conocimiento “Seréis como dioses” les promete la serpiente que los engaña. El hombre así se aparta del consejo de Dios, y como hijo rebelde, decide no obedecerlo, aun cuando Dios como padre amoroso quiere lo mejor para el hombre. Aunque él se haya apartado, Dios no los abandona nunca y por eso elige mensajeros para que hablen por él.
  Este capítulo habla a todos los hombres, publicanos, pecadores, fariseos y escribas, es decir, aquellos que conocían la palabra y aquellos que tal vez no. En su mensaje trata de trasmitir cuán feliz se ponen en el cielo cuando un alma se salva, llega al arrepentimiento y reconoce su falta. Esto sucede porque el hombre reconoce así la grandeza de Dios. Los ángeles se alegran porque ellos no saben lo que significa ignorar a Dios. Los únicos que lo han hecho han sido los que se rebelaron, y su falta es mayor porque sabían de su existencia, y aun así han elegido desobedecerlo, entre ellos está Satanás.
La salvación, el arrepentimiento, la redención es lo más importante de este capítulo y es la enseñanza que Jesús deja en este episodio. Lo hace a través de tres parábolas: la de la oveja, la de la dracma y la del hijo pródigo.
Una parábola es un cuento que tiene por principio dejar una enseñanza. Esto cuentos eran sencillos y familiares a quienes lo escuchaban, pero su mensaje es trascendente y lleva a la reflexión de quién escucha, porque no se escucha con el entendimiento sino con el corazón. Los discípulos le preguntaban a Cristo: “¿Por qué les hablas por parábolas? Y él respondiendo, les dijo: Porque a vosotros es concedido saber los misterios del reino de los cielos; mas a ellos no es concedido… Por eso les hablo por parábolas; porque viendo no ven, y oyendo no oyen, ni entienden.”(Mt.13:10-11,13). El mensaje es oculto pero no para quién tiene el corazón dispuesto a oír.

El público (Lc.15:1-2)
  Decíamos anteriormente que quienes se llegaban a escuchar a Jesús eran publicanos, pecadores, Fariseos y escribas. Hagamos una distinción en este público que rodea a Jesús.
  Los publicanos, como ya dijimos eran los que recaudaban impuestos para el imperio romano que ocupaba el territorio por estas épocas. Estos eran empleados que obtenían el favor del gobierno, y que por lo general cobraban cuatro veces más de lo que le mandaba el gobierno. Por lo tanto se quedaban con el resto para su propio beneficio. En la época se los consideraban ladrones, porque si bien pertenecían al pueblo judío, explotaban al sus “hermanos”, también los estafaban “legalmente”. Esto era de público conocimiento. Jesús había dicho, de forma muy controvertida para los religiosos, que “los publicanos y las rameras os van delante en el reino de Dios” (Mt.21:31). Esto resulta subversivo si pensamos en la mentalidad de hombres como los Fariseos, pero lo que Cristo quería decir que estos tenían más facilidad para arrepentirse porque sabían que estaban haciendo algo mal.
  Así también sucede con los pecadores. Estos son los que más se acercan a Cristo porque su mensaje les resulta esperanzador y amoroso. En su mensaje se presenta a un Dios que ama y perdona, no juzga, si el hombre es capaz de arrepentirse, por lo tanto existe para ellos una posibilidad de redención que los escribas y los fariseos parecían negarles. Cristo se rodea de estos hombres, porque son los que más necesitan escuchar esta “buena nueva”.
  Los otros dos grupos que se acercan, no parecen hacerlo realmente por el mensaje amoroso y esperanzador, sino con una mirada crítica. Intentan buscar con qué juzgar a Jesús. No buscan su salvación propia porque ya se creen salvos, sino que critican que quien se dice Hijo de Dios, y Mesías, sea capaz de acercarse y hablarle a estas personas que ellos consideran despreciables.
Estos dos versículos del principio son muy importantes para explicar el tema del capítulo. A todos les habla Jesús, a los publicanos y pecadores, para que sepan que pueden arrepentirse y que eso traerá inmensa felicidad al cielo; y a los fariseos y escribas para que se den cuenta que lo más importante es lo de adentro y no el exterior. Que la verdadera felicidad está en salvar a un alma perdida y no en parecer perfectos.
Los Fariseos eran una secta que cumplía estrictamente todos los mandamientos de la ley de Moisés. Se jactaban de hacerlo a la perfección, y consideraban que ya por eso eran salvos. Pero no se preocupaban por saber realmente cuál era el fondo de esa ley, es decir, qué quería decir realmente. Cristo los llama “sepulcros blanqueados”, porque tienen apariencia de santos por fuera pero por dentro están muertos. Sus ritos no tienen ningún contenido, ya que no han entendido lo principal: Dios es amor, como lo dirá en su epístola Juan, y su interés no es condenar al hombre, sino salvarlo.
  Los escribas son aquellos que tenían el propósito de conservar la Biblia, la conocían y la predicaban. Por lo general pertenecían a los Fariseos. La conocían muy bien, lo que no quiere decir que meditaran en ella, sino que más bien exigían que se cumpliera al pie de la letra. Es por esto que estos dos grupos criticaban la forma en que Cristo se comportaba: “Este a los pecadores recibe, y con ellos come”. No entendía que era lo que realmente estaba haciendo, porque les daba tanta importancia, si al fin y al cabo, ellos eran quienes creían estar más cerca de Dios, por su comportamiento intachable a los ojos de la ley mosaica. Esta pequeña introducción explica claramente la razón de una parábola como la del hijo pródigo. 

Primera parábola: la oveja (Lc.15:3-7)

  Estas parábolas parecen ser una explicación para los Fariseos y los escribas de lo que deberían hacer, y no tanto de lo que hacen. Ellos que creyéndose tan perfectos, no han entendido cuál es el verdadero propósito de su función en el mundo.
Aquí Jesús habla de cien ovejas, por ser estos animales comunes en el entorno en de campesinos. Las ovejas son animales inofensivos, que necesitan de quién las guíe. Muchas veces se ha asociado al cristiano con las ovejas, cuando el mismo Cristo dice: “Yo soy el buen Pastor: el buen pastor su vida da por las ovejas” (Jn.10:11). Las ovejas tiene la particular de no poder ver claramente a causa de la lana que tapa sus ojos, por lo tanto se guían por la voz de quien pastorea, de allí la similitud con el cristiano.
Estas son muchas ovejas, pero eso no tiene importancia, basta con que una sola se haya perdido para que el Pastor sienta que debe recuperarla, porque esta puede encontrarse en peligro, por las amenazas de los depredadores. La similitud es clara, la oveja se fue porque escuchó otra voz, o porque no escuchó la del pastor. Recordemos que así se perdió el hombre en el Edén, por no querer escuchar la voz de Dios. A su vez en la epístola de Pedro, al diablo se lo relaciona con un “león rugiente” que “anda alrededor buscando a quien devore” (1P.5:8).
  La parábola está planteada en forma de pregunta para que la reflexión los lleve al interior de sus corazones, y los invite a ponerse en su lugar.
Una vez hallada la oveja la felicidad es inmensa para el pastor quien la carga e invita a sus amigos a celebrar con él haberla hallado. Lo que movió al pastor fue la misericordia, que significa “amor a la miseria”. El pastor comprendió el peligro en que la oveja se encontraba y no estaba dispuesto a dejarla así, sin darle socorro. De la misma manera Dios busca a los hombres que se pierden, porque no pretende dejarlos que sufran por las acechanzas del diablo. Así es que la parábola termina con la fiesta, no sólo en la tierra sino también en el cielo. “Habrá más gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente que de noventa y nueve justos, que no necesitan arrepentimiento” (v.7), es el arrepentimiento el camino de regreso a Dios, es la posibilidad de volver a encontrar la tranquilidad que Dios brinda al hombre que elige estar a su lado. Ese sirve a Dios para encontrar a esas almas que se han perdido, y como los vecinos deberían celebrar su regreso al camino correcto.

Segunda parábola: la dracma

  La segunda parábola tiene una particularidad, ha bajado el número de los elementos involucrados en ella, ya no son cien ovejas, ahora son diez dracmas. Esto ya nos reafirma que poco importa el número que se tenga, basta una sola para que quien la pierda tenga la responsabilidad de buscarla con ahínco.
  Es en esta parábola que se muestra, justamente, el ahínco de la mujer. No acepta la situación fácilmente: enciende la luz, barre, busca con diligencia. La moneda no está acá en peligro, como sucedía con la oveja, pero es valiosa para la mujer. Tal vez su valor no radique necesariamente en lo monetario, sino en lo difícil que es ganarlo. Cada dracma era el salario de un día, por lo tanto, lo que importa no sólo es su cantidad, sino lo que costó tenerlo, ¿cómo puede abandonarse así nomás?, sería como abandonar el esfuerzo propio.   La responsabilidad de encontrarla se transforma en una forma de valor el esfuerzo que costó ganarla. Así mismo pasa con un alma que se pierde, ya no se muestra aquí el peligro como con la oveja, sino el valor que esa alma tiene, y el esfuerzo que ha costado que se arrepintiera.
  La parábola termina igual que la anterior, hay fiesta, tanto en la tierra como en el cielo. Y también es la misericordia la que mueve a esa mujer, porque no le importa tener más dracmas, sino que considera igual de valiosa un dracma que diez, porque todos han sido productos del esfuerzo.

Tercera parábola: el hijo pródigo

  Ahora se baja aún más el número, ya no son cien, ni diez, ahora son dos. Esta parábola está más centrada en el público que está escuchando. Recordemos: por un lado los publicanos y los pecadores; por el otro los Fariseos y los escribas. Estos dos grupos podrían identificarse con los dos hijos del padre amoroso. El primer grupo pertenecería al hijo menor que se va, y el segundo grupo al hermano mayor que se queda y reclama la atención que le da el padre a este hijo cuando vuelve. El padre, pues, representaría a Dios.
  El menor de los hijos reclama al padre la parte de la hacienda que le pertenece, siendo que habitualmente eso se haría una vez que el padre muriera. Este hijo menor, no sólo lo es por edad, también representa al hijo que flaquea en la fe, como diría Pablo en alguna de sus epístolas. Normalmente es el hijo mayor quien se queda con la mayor parte, una vez que el padre muere, pero en este caso, el padre decide no discutir la decisión de su hijo menor. Él tiene libre albedrío, el elige hacer lo que quiera, separarse del amparo de su padre, manejar su vida lejos de sus consejos. Es por eso que elige una “provincia apartada” como metáfora de la condición del hombre de “apartarse de Dios”, de alejarse de sus consejos. Esto lo lleva, obviamente a no tomar prevenciones, sino a vivir “perdidamente”. Dios como un padre, aconseja a sus hijos para su propio bien y felicidad, pero los hombres, y este hijo menor representado en la mayor parte de la humanidad, elige lo contrario, creyendo que la felicidad es lo que a ellos les parece mejor, de allí surge la expresión “perdidamente”.
  Las prevenciones que no toma lo llevan a malgastar y  curiosamente en aquel lugar en que se encuentra aparece una gran hambre. La elección de esa provincia apartada también es la metáfora de una provincia donde nadie sigue el camino recto, es por eso que ese hijo menor se siente tan a gusto. Esto recuerda al salmo 1 donde se plantea la senda del justo y la de los pecadores.
  El hambre lo lleva a buscar trabajo, y uno de los ciudadanos de allí siente, tal vez misericordia de él, pero el trabajo que le da es el de apacentar los puercos, el trabajo que se merece por no haberse prevenido. Este es un trabajo indigno para un judío que consideraba al cerdo un animal inmundo.
Pero el arrepentimiento no es fácil para el corazón humano. A veces es necesaria una gran humillación, por eso la parábola llega más lejos, y el hijo menor desea al menos poder comer la comida de los cerdos. Al menos ellos comían mejor que él. Y aún la comida de los cerdos le era negada.
   Es verse en tal grado de humillación lo que le hace darse cuenta hasta dónde ha llegado.   El arrepentimiento debe ser verdadero y comienza con el darse cuenta o lo que los griegos llamaban la “anagnórisis”. Lo primero que se reconoce a sí mismo es lo que ha perdido: “¡Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre!”. No piensa en que tenía mucho más cuando estaba bajo la protección de su padre, sino que ni siquiera tiene la dignidad de los jornaleros de su padre.
La queja o la lamentación es sólo una parte del arrepentimiento, luego es necesaria la acción: “me levantaré e iré”. Y por último la confesión, el reconocimiento ante el otro de su error, el pedir perdón. Sus palabras son claves: “Padre, he pecado contra el cielo y contra ti”. Contra el cielo porque ha desobedecido uno de los mandamientos más importantes “honrarás a tu padre y a tu madre”, y contra él porque también no ha escuchado los consejos de un padre amoroso que lo trató con los honores que merecía su hijo. A este hijo menor no le faltaba nada. Estaba cómodo en la casa de su Padre, y tal vez lo que lo mueve a salir de su lado es querer conocer una vida diferente, sin la protección de los cuidados amorosos que es padre le daba.
  Pero no reclama un reintegro de su condición de hijo, lo que muestra un verdadero arrepentimiento, porque reconoce que no es digno de eso. Ha perdido lo que por ley le correspondía, así que lo único que está dispuesto a pedir es ser uno de sus jornaleros. Este es el verdadero arrepentimiento, ya que está dispuesto a humillarse, aun perdiendo su condición natural de hijo.
  La acción no sólo queda en la palabra, sino que se realiza y va hacia su padre. La misericordia se da en el padre que corre y se echa al cuello y lo besa. No necesita explicaciones, le alcanza con verlo vivo, verlo sano, verlo de vuelta. Sabía que lejos estaba en peligro, pero también sabía que había sido una decisión de su hijo y la respetó. Así hace Dios con el hombre que se aparta, respeta su decisión pero está deseoso de que vuelva, de verlo otra vez.
  El hijo ni siquiera necesita decir todo lo que había pensado, le dice lo esencial para que el padre comprenda lo difícil que es para su hijo esta acción: “he pecado contra el cielo y contra ti, y ya no soy digno de ser llamado tu hijo”. Estas palabras no nacen de la conveniencia, nacen de la verdadera humillación del corazón. El padre lo sabe, porque comprende lo difícil que es volver, y lo angustiado que se sentía de no saber nada de él.
  Es por eso que el padre actúa de forma inesperada para todos, incluido su hijo: “sacad el principal vestido, y vestidle; y poned un anillo en su mano, y zapatos en sus pies”. Es su hijo, y aun cuando se haya equivocado sigue siendo su hijo, pero mayor es la alegría de saber que su hijo ha vuelto, que es como si hubiera resucitado, que ha vuelto, por sí solo al amparo de su padre, y ha aprendido la lección. Así mismo lo dice: “porque este mi hijo muerto era, y ha revivido; habíase pedido, y es hallado”. Volver también implica reconocer a su padre, y todo lo que él le enseñó, aun cuando éste no espere ser reconocido como tal. El último paso, entonces del arrepentimiento, es la humildad.
  La segunda parte de esta parábola es la que refiere al hijo mayor, que en realidad representaría a los Fariseos, pero también refleja la parte del hombre que cree en su justicia. La justicia de los hombres no es la de Dios, porque el corazón del hombre es egoísta y piensa en sí mismo y en lo que cree que merece, no logra comprender naturalmente que los propósitos de Dios que son otros.
  Este hijo mayor, que metafóricamente debería tener mayor espiritualidad que el menor, llega del campo, de trabajar, y no comprende la razón de la algarabía. Escucha fiesta, pero no sabe del arrepentimiento, porque nunca tuvo nada de qué arrepentirse. No osó transgredir las normas paternas, siempre se mantuvo a su lado, por lo tanto tampoco puede saber de la humillación que implica el arrepentimiento, y de la humildad que se necesita para confesarlo.
  Ni siquiera se entera por su padre, ni por su hermano, sino por un criado, y se niega a formar parte de esta fiesta. El criado le informa, pero sólo los hechos, no el contenido de los hechos: “tu hermano ha venido; y tu padre ha muerto el becerro grueso por haberle recibido salvo”. Nada puede entender el hermano mayor, quien obviamente se siente celoso. Ese hermano que lo ha abandonado, que lo ha ignorado, es ahora motivo de fiesta, de regocijo. A sus ojos esto es injusto. Así mismo lo ven los Fariseos: nosotros que hemos seguido todos los mandamientos, ahora, cuando el supuesto Mesías llega, en vez de hacernos fiesta por nuestra fidelidad, se dedica a festejar con los pecadores; ¿cómo se puede entender esto?
  El padre, una vez más movido a misericordia, no deja al hermano mayor solo en el campo. Lo va a buscar. Le ruega que comparta con él esta alegría. Dios quiere a todos en su fiesta, no sólo al que se arrepiente, sino también al que enojado no comprende la justicia divina.
El reclamo del hijo mayor parece justo a los ojos de un corazón humano: “He aquí tantos años te sirvo, no habiendo traspasado jamás tu mandamiento, y nunca me has dado un cabrito para gozarme con mis amigos: mas cuando vino éste tu hijo, que ha consumido tu hacienda con rameras, has matado para él el becerro grueso.” (Lc.15:29-30). Es injusto a los ojos del Fariseo, tanta atención a quien ha sido capaz de abandonar el amor paterno y dedicarse al libertinaje.
  La contestación del padre es la moraleja de la parábola: “tú siempre estás conmigo”, reconoce la fidelidad y devoción de su hijo, y ya tiene su recompensa por eso, “todas mis cosas son tuyas”. Es heredero de todo lo que tiene, no hay distinción, forma parte de todas las riquezas que goza. Pero ahora tienen una riqueza mucho mayor que merece la fiesta, porque se ha logrado algo que resulta casi imposible: “este tu hermano muerto era, y ha revivido; habíase perdido y es hallado”. ¿Qué mayor riqueza puede haber que volver de la muerte o recuperar lo que ya se daba por perdido?

  Esta es la comprensión que Cristo quiere de todos los que lo escuchan, el alma que se arrepiente y vuelve al camino de Dios debe ser motivo de fiesta y regocijo, tanto en la tierra como en el cielo, sin importar qué haya hecho esa alma cuando estaba perdida.

Extraído de:
http://paola-literatura.blogspot.com.uy/search/label/Biblia

lunes, 8 de mayo de 2017

Romanticismo: Rima XI y Las Cuitas del joven Werther


Grupo 6° Derecho 1 - Liceo N° 1 Dr. Alfonso Espínola


COMPARANDO...


RIMA XI

—Yo soy ardiente, yo soy morena,
yo soy el símbolo de la pasión,
de ansia de goces mi alma está llena.
¿A mí me buscas?
                                      —No es a ti, no.

—Mi frente es pálida, mis trenzas de oro:
puedo brindarte dichas sin fin,
yo de ternuras guardo un tesoro.
¿A mí me llamas?
                                      —No, no es a ti.

—Yo soy un sueño, un imposible,
vano fantasma de niebla y luz;
soy incorpórea, soy intangible:
no puedo amarte.
                                      —¡Oh ven, ven tú!



Gustavo Adolfo Bécquer
Extraído de:














DEJO EL ENLACE DEL TEXTO COMPLETO: Las cuitas del joven Werther de Johann Wolfgang von Goethe. deben IMPRIMIR solo la CARTA DEL 16 DE JUNIO:



domingo, 7 de mayo de 2017

Parábola de la Misericordia


5° Humanístico 1 Liceo N° 1 Dr. Alfonso Espínola


Lucas 15 - Parábolas de la misericordia



1 Todos los publicanos y los pecadores se acercaban a él para oírle,
2 y los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: «Este acoge a los pecadores y come con ellos.»
3 Entonces les dijo esta parábola.
4 «¿Quién de vosotros que tiene cien ovejas, si pierde una de ellas, no deja las 99 en el desierto, y va a buscar la que se perdió hasta que la encuentra?
5 Y cuando la encuentra, la pone contento sobre sus hombros;
6 y llegando a casa, convoca a los amigos y vecinos, y les dice: "Alegraos conmigo, porque he hallado la oveja que se me había perdido."
7 Os digo que, de igual modo, habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta que por 99 justos que no tengan necesidad de conversión.
8 «O, ¿qué mujer que tiene diez dracmas, si pierde una, no enciende una lámpara y barre la casa y busca cuidadosamente hasta que la encuentra?
9 Y cuando la encuentra, convoca a las amigas y vecinas, y dice: "Alegraos conmigo, porque he hallado la dracma que había perdido."
10 Del mismo modo, os digo, se produce alegría ante los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierta.»
11 Dijo: «Un hombre tenía dos hijos;
12 y el menor de ellos dijo al padre: "Padre, dame la parte de la hacienda que me corresponde." Y él les repartió la hacienda.
13 Pocos días después el hijo menor lo reunió todo y se marchó a un país lejano donde malgastó su hacienda viviendo como un libertino.
14 «Cuando hubo gastado todo, sobrevino un hambre extrema en aquel país, y comenzó a pasar necesidad.
15 Entonces, fue y se ajustó con uno de los ciudadanos de aquel país, que le envió a sus fincas a apacentar puercos.
16 Y deseaba llenar su vientre con las algarrobas que comían los puercos, pero nadie se las daba.
17 Y entrando en sí mismo, dijo: "¡Cuántos jornaleros de mi padre tienen pan en abundancia, mientras que yo aquí me muero de hambre!
18 Me levantaré, iré a mi padre y le diré: Padre, pequé contra el cielo y ante ti.
19 Ya no merezco ser llamado hijo tuyo, trátame como a uno de tus jornaleros."
20 Y, levantándose, partió hacia su padre. «Estando él todavía lejos, le vió su padre y, conmovido, corrió, se echó a su cuello y le besó efusivamente.
21 El hijo le dijo: "Padre, pequé contra el cielo y ante ti; ya no merezco ser llamado hijo tuyo."
22 Pero el padre dijo a sus siervos: "Traed aprisa el mejor vestido y vestidle, ponedle un anillo en su mano y unas sandalias en los pies.
23 Traed el novillo cebado, matadlo, y comamos y celebremos una fiesta,
24 porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida; estaba perdido y ha sido hallado." Y comenzaron la fiesta.
25 «Su hijo mayor estaba en el campo y, al volver, cuando se acercó a la casa, oyó la música y las danzas;
26 y llamando a uno de los criados, le preguntó qué era aquello.
27 El le dijo: "Ha vuelto tu hermano y tu padre ha matado el novillo cebado, porque le ha recobrado sano."
28 El se irritó y no quería entrar. Salió su padre, y le suplicaba.
29 Pero él replicó a su padre: "Hace tantos años que te sirvo, y jamás dejé de cumplir una orden tuya, pero nunca me has dado un cabrito para tener una fiesta con mis amigos;
30 y ¡ahora que ha venido ese hijo tuyo, que ha devorado tu hacienda con prostitutas, has matado para él el novillo cebado!"
31 «Pero él le dijo: "Hijo, tú siempre estás conmigo, y todo lo mío es tuyo;
32 pero convenía celebrar una fiesta y alegrarse, porque este hermano tuyo estaba muerto, y ha vuelto a la vida; estaba perdido, y ha sido hallado."»
Extraído de:



jueves, 4 de mayo de 2017

Romanticismo - Chales Baudelaire - Las Flores del Mal


Grupo 6° Derecho 1 Liceo N° 1 Dr. Alfonso Espínola


Romanticismo
   Se puede definir al Romanticismo como una revolución literaria, que fue paralela con la revolución política de 1789 (Revolución Francesa). Supuso una nueva forma de entender el mundo, y una nueva reformulación de valores. El romántico rechaza las jerarquías aceptadas hasta el momento, se siente incómodo con la rigidez del mundo en que viven.
   El prototipo de hombre romántico es joven, rebelde, inconformista, sediento de justicia, sensible y deseoso de mostrarse tal como es, cambiante, soberbio, con conciencia de ser víctima social. Es un inadaptado, un individuo difícil de integrarse dentro del orden social, y a su vez orgulloso de no estarlo. Desea y necesita estar fuera del mundo que desprecia, mundo regido por principios como la apariencia y el dinero. El romántico es esencialmente un idealista.
   Esta inadaptación del romántico lo lleva a buscar nuevos mundos alternativos, en los que puedan evadirse. Mundo lejanos, perdidos, exóticos, donde la realidad no pueda alcanzarlos y destruirlos. La realidad los niega a ellos, entonces ellos niegan la realidad por medio de la evasión. Así ellos oponen a la realidad, el ideal. En esos mundos estarán resueltas las contradicciones y las carencias del presente.



El caminante sobre el mar de nubes 
Der Wanderer über dem Nebelmeer
Caspar David Friedrich, 1818
                                    

   Tener buscar mundos exóticos les recuerda que han perdido uno, el que viven, por eso el hombre romántico están siempre teñido por un sentimiento de melancolía y tristeza que les impide disfrutar del presente.
   La razón por la cuál deben huir mentalmente de esta sociedad es la falsa apariencia de felicidad y seguridad que maneja el hombre burgués. La Razón no ha hecho que alejar al hombre de la Vida y la Verdad auténtica.
   Una de las características de esos lugares elegidos por los románticos, son los que predomina la Naturaleza, símbolo de la armonía perdida. Hubo una época en la que el Hombre era Naturaleza; era parte de ella y no estaba en ella. En ese tiempo no había preguntas que atormentaran su existencia, no había dolor ni angustia, sólo el simple devenir de la vida. Esos son los mundo que el romántico quiere partir con su imaginación.
   Sin embargo, el hombre romántico se mueve en el terreno de la ambigüedad. Tanto desea ser seguido por esa sociedad, como la rechaza de plano. Se presenta ante el mundo de forma estruendosa y reclama ser seguido por todos. Es un líder al que todos ignoran su voz. Se lanza a la búsqueda de un destino heroico y casi siempre tiene un referente al que imitar, de la misma manera que lo hizo “Don Quijote” muchos siglos antes. No es casual que ellos se identificaran con este personaje de novela y lo ensalzaran.
   Este deseo de ser un líder, y a su vez ser un ignorado por todos lo lleva a una profunda soledad, tema recurrente en la literatura romántica. El hombre romántico es el eterno incomprendido, se encuentra solo con una verdad que le llena pero que es incapaz de hacer comprender a otros. Esto lo hace un rebelde de la sociedad en que vive.
   La autenticidad y la originalidad son dos pilares fundamentales de este hombre. Prefieren dejarse matar antes que fingir ante los otros, si cree que estos son falsos. Cualquier hipocresía y cualquier convencionalismo son motivos de lucha para ellos. Si algo asusta al romántico es la indiferencia, verse confundido o atrapado por la igualdad, ser uno más, un anónimo. La soledad, el aislamiento, la originalidad, es preferible ser el único acusado antes que ser uno más entre los jueces.
   La soledad del héroe romántico tiene ese carácter trágico. Sin embargo, él consigue hacer de su fracaso social un signo de triunfo. Ser rechazado le permite confirmar que está en posesión de una verdad profunda, que por su grandeza, se vuelve incomprensible para todos los demás, que no están a su altura.
   El arte ya no tiene la función de reconciliar a la sociedad, ni de enseñar. Ahora el arte es individual y no asume la visión de la comunidad, sino la visión subjetiva del artista.
  La superioridad del hombre romántico está en la capacidad de sufrimiento y en la dimensión de su dolor que no se compara con el dolor vulgar. Él vive el dolor en forma extrema, llega a elevar cualquier pena diaria a niveles grandiosos. Es el dolor el signo de su sensibilidad. Así lo que los demás viven superficialmente, para el romántico es una tragedia.
Características literarias:
  • Subjetivismo. Predomina el sentimiento personal, el “yo” como único sentimiento válido, el tono confidencial de la poesía es característica también de la literatura romántica. El sentimiento está por encima de la razón, y la imaginación, muy por encima de la realidad.
  • Melancolía y amor a la soledad. El romántico lleva consigo un desgano por la vida que le toca. Una de las actitudes más comunes es el “spleen”, también llamado “mal del siglo”. Esto es una especie de neurosis proveniente del contraste entre la realidad que se ha soñado y la realidad que se vive. El hombre romántico sueña con un mundo de ficción alegre, carnal y dinámico.
  • Evasión. Uno de los motivos de la evasión es el dolor que les provoca la realidad. La lucha contra las reglas clásicas y la rigidez del clasicismo, los llevan a buscar espacios donde se sientan plenos y libres. Esos espacios deben estar muy lejos en el tiempo y en el espacio, y permitir el descubrimiento de un mundo desconocido.
  • Sentimiento de sublimación de la naturaleza. El romanticismo se consustancia con la naturaleza y ésta se transforma en su confidente, en ella halla su consuelo. En el Romanticismo el paisaje lo invade todo, éste es exótico, poco conocido. Por lo general el paisaje tiene relación con el interior de la persona o personaje. El romántico entiende que el clima y la naturaleza reflejan su interior.
  • Idealizan a la mujer o la demonizan. La mujer es vista como algo eróticamente inalcanzable, o porque la muerte los separa, o porque ella está comprometida o tal vez, ni siquiera es de este mundo. La mujer envuelve al romántico y le hace vivir a sus expensas. El romántico queda atrapado en ese sentimiento, aún cuando esa mujer sea de piedra.
  • El elemento sobrenatural. Este también fue un tema muy apreciado por los románticos. Esta tendencia se vio reforzada por la desilusión que les provocaba el racionalismo del siglo XVIII.
  • En cuanto a lo formal, hay una libertad temática y una forma de expresión que debe fluir espontáneamente según sus emociones o pasiones. Así no se seguirán las formas rígidas de la poesía, sino que como sienta el artista, así expresará sus versos.

El Romanticismo y el Simbolismo
   A la sensibilidad romántica, solo constituida por las exigencias del corazón, el Simbolismo le agrega un análisis lúcido de la NATURALEZA HUMANA.
  El “mal del siglo” romántico (melancolía, soledad profunda del poeta) se transforma en tedio, hastío, spleen: una inmóvil e impotente desesperación, sentimiento que sobrepasa al Romanticismo. La naturaleza no es siempre pura y apacible, aparece la ciudad, lo artificial.
   Charles Baudelaire (1821- 1867) fue un poeta y crítico de arte francés, parisino para ser más específico, nacido en 1821 y muerto en 1867. Coinciden todas las biografías en que llevó una vida licenciosa, bohemia, y que tuvo relación con muchos de los grandes poetas contemporáneos, como Hugo o Vigny, entre otros. Fue llamado por la crítica "poeta maldito", dado que uno de sus tópicos más recurrentes fue el Mal.

   Las Flores del Mal, ha sido considerada su obra maestra.



   La primera edición de esta obra data de 1857, después del período de decadencia del Romanticismo, es considerada una de las obras más maduras del movimiento, en donde el poeta tiene la conciencia más crítica del Romanticismo. La melancolía que se había expresado en las novelas del movimiento se transforma en angustia, el demonio que posee los corazones ahora también posee las conciencias. Baudelarie, desde lo natural, vislumbra lo sobrenatural, a través de lo múltiple, lo único, a través del transcurrir de los instantes lo eterno.
   En su primera edición de 1857, de Las Flores del Mal fueron censurados 6 poemas por "ultraje a la moral pública y a las buenas costumbres". Fue obligado, junto a su editor, a pagar multas. Baudelaire comentó sobre el hecho que:
"Todos los imbéciles de la burguesía que pronuncian las palabras inmoralidad, moralidad en el arte y demás tonterías me recuerdan a Louise Villedieu, una puta de a cinco francos, que una vez me acompañó al Louvre donde ella nunca había estado y empezó a sonrojarse y a taparse la cara. Tirándome a cada momento de la manga, me preguntaba ante las estatuas y cuadros inmortales cómo podían exhibirse públicamente semejantes indecencias..."
   En 1861 se hace una segunda edición, que si bien deja fuera a los poemas censurados, agrega 30 poemas nuevos. La versión definitiva será póstuma, de 1868, y contará con 151 poemas.
   Las Flores del Mal es una obra de concepción clásica, es decir, digna de ser imitada, y que marca un modelo para las generaciones venideras, de un contenido oscuramente romántico, en que los poemas se exponen de manera ordenada, siguiendo un criterio. Las Flores del Mal no es un simple poemario, en donde los poemas están juntos por el sólo propósito de juntarlos. Tienen valor por sí mismos, pero tampoco puede ser despreciado el inmenso valor que tiene como parte de un todo integrado, que es la obra. Como apertura de la obra aparece el poema "Al Lector", que cumple la función de un prólogo, en él la obra se apoyará para despegar en su viaje. Luego, está divida en seis secciones, siendo "Spleen e Ideal" la primera de ellas, y la más extensa, abarcando más de la mitad de la obra. Mediante el Amor y el Tedio, el Poeta llega a la "conciencia en el mal". En la segunda sección, llamada Cuadros Parisinos, compuesta de dieciocho poemas, el Poeta contempla la ciudad y sus habitantes, dejando de buscar en sí mismo para ser testigo de las calles de París; descubriendo en el exterior el problema esencial de la condición humana: el Mal. La tercera sección se llama El Vino, y está compuesta por cinco poemas y es un intento de huída a los paraísos artificiales, que no termina sino en el fracaso y el tedio. En la cuarta sección, titulada Las Flores del Mal, se aprecian doce poemas en que se constituyen los apóstoles del mal. La quinta sección, titulada Rebelión, según Thibaudet "después de haber optado por el mal el poeta opta por el jefe del mal, por el Diablo", y por su gesto más definidor, la blasfemia, la rebelión. Cuenta solo con tres poemas. Como no podía ser de otra forma, la obra cierra con La Muerte. Una sección que cuenta con seis poemas, que son la muerte de los protagonistas (los artistas, los amantes, los pobres), y el comienzo de un viaje hacia lo "Nuevo".
   En palabras del propio autor: “En este libro atroz puse todo mi pensamiento, todo mi corazón, toda mi religión (travestida), todo mi odio". Lo que da unidad a su libro es la confesión que el autor hace de su mal, de sus esperanzas, de sus fracasos, de sus desconfianzas. En oposición a los poetas ilustres que han elegido "las provincias más floridas del dominio poético", se propone "extraer la belleza del Mal". De esta manera, el autor, a través de su propia experiencia, quiso retratar la tragedia del ser humano, a menudo disfrazada de un falso pudor: "¡Hipócrita lector, mi semejante, mi hermano!". Es la tragedia del hombre doble: ángel caído y objeto de un conflicto perpetuo entre el Cielo (espiritualidad) y el Infierno (animalidad). El libro explica su composición gracias a esta dualidad: hay partes en que parece triunfar las aspiraciones hacia el Ideal y otras que hablan de caídas lamentables, fuentes de un mal moral que el poeta llama el "Spleen".


Extraído de:
Mejía González, Fabián. Visión del mundo de los Románticos. Bogotá. 2010
Bula Píriz, Roberto y Mirza, Rogelio. Charles Baudelaire. Ed. Técnica. Montevideo 2009

miércoles, 26 de abril de 2017

La Biblia - Génesis Capítulos I, II y III


Grupo 5° HUMANÍSTICO 1 Liceo Dr. Alfonso Espínola

La Biblia. Antiguo Testamento. Génesis capítulo I, II y III

Capítulo 1 

La creación 
1:1 En el principio creó Dios los cielos y la tierra. 
1:2 Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas. 
1:3 Y dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz. 
1:4 Y vio Dios que la luz era buena; y separó Dios la luz de las tinieblas. 
1:5 Y llamó Dios a la luz Día, y a las tinieblas llamó Noche. Y fue la tarde y la mañana un día. 
1:6 Luego dijo Dios: Haya expansión en medio de las aguas, y separe las aguas de las aguas. 
1:7 E hizo Dios la expansión, y separó las aguas que estaban debajo de la expansión, de las aguas que estaban sobre la expansión. Y fue así.
1:8 Y llamó Dios a la expansión Cielos. Y fue la tarde y la mañana el día segundo. 
1:9 Dijo también Dios: Júntense las aguas que están debajo de los cielos en un lugar, y descúbrase lo seco. Y fue así.
1:10 Y llamó Dios a lo seco Tierra, y a la reunión de las aguas llamó Mares. Y vio Dios que era bueno. 
1:11 Después dijo Dios: Produzca la tierra hierba verde, hierba que dé semilla; árbol de fruto que dé fruto según su género, que su semilla esté en él, sobre la tierra. Y fue así. 
1:12 Produjo, pues, la tierra hierba verde, hierba que da semilla según su naturaleza, y árbol que da fruto, cuya semilla está en él, según su género. Y vio Dios que era bueno. 
1:13 Y fue la tarde y la mañana el día tercero. 
1:14 Dijo luego Dios: Haya lumbreras en la expansión de los cielos para separar el día de la noche; y sirvan de señales para las estaciones, para días y años, 
1:15 y sean por lumbreras en la expansión de los cielos para alumbrar sobre la tierra. Y fue así. 
1:16 E hizo Dios las dos grandes lumbreras; la lumbrera mayor para que señorease en el día, y la lumbrera menor para que señorease en la noche; hizo también las estrellas. 
1:17 Y las puso Dios en la expansión de los cielos para alumbrar sobre la tierra, 
1:18 y para señorear en el día y en la noche, y para separar la luz de las tinieblas. Y vio Dios que era bueno. 
1:19 Y fue la tarde y la mañana el día cuarto. 
1:20 Dijo Dios: Produzcan las aguas seres vivientes, y aves que vuelen sobre la tierra, en la abierta expansión de los cielos. 
1:21 Y creó Dios los grandes monstruos marinos, y todo ser viviente que se mueve, que las aguas produjeron según su género, y toda ave alada según su especie. Y vio Dios que era bueno. 
1:22 Y Dios los bendijo, diciendo: Fructificad y multiplicaos, y llenad las aguas en los mares, y multiplíquense las aves en la tierra. 
1:23 Y fue la tarde y la mañana el día quinto. 
1:24 Luego dijo Dios: Produzca la tierra seres vivientes según su género, bestias y serpientes y animales de la tierra según su especie. Y fue así. 
1:25 E hizo Dios animales de la tierra según su género, y ganado según su género, y todo animal que se arrastra sobre la tierra según su especie. Y vio Dios que era bueno. 
1:26 Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra. 
1:27 Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó.
1:28 Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra. 
1:29 Y dijo Dios: He aquí que os he dado toda planta que da semilla, que está sobre toda la tierra, y todo árbol en que hay fruto y que da semilla; os serán para comer. 
1:30 Y a toda bestia de la tierra, y a todas las aves de los cielos, y a todo lo que se arrastra sobre la tierra, en que hay vida, toda planta verde les será para comer. Y fue así. 
1:31 Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera. Y fue la tarde y la mañana el día sexto. 

Capítulo 2


2:1 Fueron, pues, acabados los cielos y la tierra, y todo el ejército de ellos. 
2:2 Y acabó Dios en el día séptimo la obra que hizo; y reposó el día séptimo de toda la obra que hizo. 
2:3 Y bendijo Dios al día séptimo, y lo santificó, porque en él reposó de toda la obra que había hecho en la creación. 
El hombre en el huerto del Edén 
2:4 Estos son los orígenes de los cielos y de la tierra cuando fueron creados, el día que Jehová Dios hizo la tierra y los cielos, 
2:5 y toda planta del campo antes que fuese en la tierra, y toda hierba del campo antes que naciese; porque Jehová Dios aún no había hecho llover sobre la tierra, ni había hombre para que labrase la tierra, 
2:6 sino que subía de la tierra un vapor, el cual regaba toda la faz de la tierra. 
2:7 Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente. 
2:8 Y Jehová Dios plantó un huerto en Edén, al oriente; y puso allí al hombre que había formado. 
2:9 Y Jehová Dios hizo nacer de la tierra todo árbol delicioso a la vista, y bueno para comer; también el árbol de vida en medio del huerto, y el árbol de la ciencia del bien y del mal. 
2:10 Y salía de Edén un río para regar el huerto, y de allí se repartía en cuatro brazos. 
2:11 El nombre del uno era Pisón; éste es el que rodea toda la tierra de Havila, donde hay oro; 
2:12 y el oro de aquella tierra es bueno; hay allí también bedelio y ónice. 
2:13 El nombre del segundo río es Gihón; éste es el que rodea toda la tierra de Cus. 
2:14 Y el nombre del tercer río es Hidekel; éste es el que va al oriente de Asiria. Y el cuarto río es el Eufrates. 
2:15 Tomó, pues, Jehová Dios al hombre, y lo puso en el huerto de Edén, para que lo labrara y lo guardase. 
2:16 Y mandó Jehová Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto podrás comer; 
2:17 mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás. 
2:18 Y dijo Jehová Dios: No es bueno que el hombre esté solo; le haré ayuda idónea para él. 
2:19 Jehová Dios formó, pues, de la tierra toda bestia del campo, y toda ave de los cielos, y las trajo a Adán para que viese cómo las había de llamar; y todo lo que Adán llamó a los animales vivientes, ese es su nombre. 
2:20 Y puso Adán nombre a toda bestia y ave de los cielos y a todo ganado del campo; mas para Adán no se halló ayuda idónea para él. 
2:21 Entonces Jehová Dios hizo caer sueño profundo sobre Adán, y mientras éste dormía, tomó una de sus costillas, y cerró la carne en su lugar. 
2:22 Y de la costilla que Jehová Dios tomó del hombre, hizo una mujer, y la trajo al hombre. 
2:23 Dijo entonces Adán: Esto es ahora hueso de mis huesos y carne de mi carne; ésta será llamada Varona, porque del varón fue tomada. 
2:24 Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne.
2:25 Y estaban ambos desnudos, Adán y su mujer, y no se avergonzaban. 

Capítulo 3

Desobediencia del hombre 

3:1 Pero la serpiente era astuta, más que todos los animales del campo que Jehová Dios había hecho; la cual dijo a la mujer: ¿Conque Dios os ha dicho: No comáis de todo árbol del huerto? 
3:2 Y la mujer respondió a la serpiente: Del fruto de los árboles del huerto podemos comer; 
3:3 pero del fruto del árbol que está en medio del huerto dijo Dios: No comeréis de él, ni le tocaréis, para que no muráis. 
3:4 Entonces la serpiente dijo a la mujer: No moriréis; 
3:5 sino que sabe Dios que el día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal. 
3:6 Y vio la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría; y tomó de su fruto, y comió; y dio también a su marido, el cual comió así como ella. 
3:7 Entonces fueron abiertos los ojos de ambos, y conocieron que estaban desnudos; entonces cosieron hojas de higuera, y se hicieron delantales. 
3:8 Y oyeron la voz de Jehová Dios que se paseaba en el huerto, al aire del día; y el hombre y su mujer se escondieron de la presencia de Jehová Dios entre los árboles del huerto. 
3:9 Mas Jehová Dios llamó al hombre, y le dijo: ¿Dónde estás tú? 
3:10 Y él respondió: Oí tu voz en el huerto, y tuve miedo, porque estaba desnudo; y me escondí. 
3:11 Y Dios le dijo: ¿Quién te enseñó que estabas desnudo? ¿Has comido del árbol de que yo te mandé no comieses? 
3:12 Y el hombre respondió: La mujer que me diste por compañera me dio del árbol, y yo comí. 
3:13 Entonces Jehová Dios dijo a la mujer: ¿Qué es lo que has hecho? Y dijo la mujer: La serpiente me engañó, y comí. 
3:14 Y Jehová Dios dijo a la serpiente: Por cuanto esto hiciste, maldita serás entre todas las bestias y entre todos los animales del campo; sobre tu pecho andarás, y polvo comerás todos los días de tu vida. 
3:15 Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar. 
3:16 A la mujer dijo: Multiplicaré en gran manera los dolores en tus preñeces; con dolor darás a luz los hijos; y tu deseo será para tu marido, y él se enseñoreará de ti. 
3:17 Y al hombre dijo: Por cuanto obedeciste a la voz de tu mujer, y comiste del árbol de que te mandé diciendo: No comerás de él; maldita será la tierra por tu causa; con dolor comerás de ella todos los días de tu vida. 
3:18 Espinos y cardos te producirá, y comerás plantas del campo. 
3:19 Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste tomado; pues polvo eres, y al polvo volverás. 
3:20 Y llamó Adán el nombre de su mujer, Eva, por cuanto ella era madre de todos los vivientes. 
3:21 Y Jehová Dios hizo al hombre y a su mujer túnicas de pieles, y los vistió. 
3:22 Y dijo Jehová Dios: He aquí el hombre es como uno de nosotros, sabiendo el bien y el mal; ahora, pues, que no alargue su mano, y tome también del árbol de la vida, y coma, y viva para siempre. 
3:23 Y lo sacó Jehová del huerto del Edén, para que labrase la tierra de que fue tomado. 
3:24 Echó, pues, fuera al hombre, y puso al oriente del huerto de Edén querubines, y una espada encendida que se revolvía por todos lados, para guardar el camino del árbol de la vida. 

Extraído: